
China ha construido su primera autopista, utilizando una flota de extendedoras y compactadoras guiadas por inteligencia artificial
El proceso de construcción de una autovía se inicia con las labores de movimiento de tierras. Con el propósito de crear desmontes y terraplenes que permitan un trazado seguro y uniforme, se hace uso de maquinaria pesada como excavadoras, bulldozers y camiones, los cuales modelan el terreno. De forma simultánea, se están llevando a cabo las obras de drenaje para evitar acumulaciones de agua y se están construyendo las estructuras necesarias, como pasos superiores, viaductos, túneles y obras de fábrica que garantizan la continuidad de caminos, ríos y servicios existentes.
Una vez constituida la plataforma, los trabajos se centran en la estructura del firme, concebida para soportar elevados volúmenes de tráfico durante décadas. Sobre el terreno compactado se extienden sucesivas capas de materiales granulares y mezclas bituminosas o de hormigón, aplicadas con maquinaria especializada y controladas mediante estrictos ensayos de calidad.
Una flota de máquinas de obra pública autónomas.
El sector de la construcción de carreteras está experimentando una transformación significativa, caracterizada por la implementación de tecnologías avanzadas como la automatización, el análisis exhaustivo de datos y la integración inteligente de maquinaria. La integración de sensores avanzados, inteligencia artificial, gemelos digitales, redes 5G y equipos autónomos constituye la base del ecosistema tecnológico que aspira a transformar un sector tradicionalmente intensivo en mano de obra.
El cambio no es meramente teórico. En diversos países, se han implementado proyectos concretos que evidencian el alcance de la automatización en las obras lineales.
El caso más notable se produjo en 2024, cuando China renovó aproximadamente 160 kilómetros de la autopista entre Pekín y Macao sin la presencia de operarios en el lugar de trabajo. Una flota de extendedoras y compactadoras autónomas, guiadas por sistemas satelitales y supervisadas mediante drones, ejecutó de forma coordinada las tareas de pavimentación, en lo que se presentó como la primera intervención totalmente automatizada de este tipo.
En octubre, se produjo un avance significativo en Norteamérica, donde se llevó a cabo el reasfaltado de 10 kilómetros de la Carretera Transcanadiense mediante el uso de una pavimentadora automatizada. Este proyecto representa una innovación sin precedentes en la región.

¿Europa podría construir así sus carreteras? ¿Y mantenerlas?.
Ante estos ejemplos, surge la interrogante sobre la viabilidad de un despliegue comparable en España. Desde el sector, la respuesta es inequívoca: la tecnología se encuentra disponible. El país cuenta con maquinaria inteligente, sensorización avanzada, sistemas BIM y GIS, inteligencia artificial, conectividad 5G y modelos digitales que permiten simular y gestionar la obra en tiempo real.
No obstante, el principal obstáculo no es de naturaleza técnica. El marco regulatorio europeo, que establece normativas más rigurosas en materia de seguridad y responsabilidad, restringe el uso de maquinaria completamente autónoma en entornos abiertos. A ello se suma la falta de interoperabilidad entre fabricantes, constructoras y administraciones, que no siempre trabajan con estándares comunes, y la fragmentación de los proyectos, que dificulta alcanzar economías de escala.
Las principales empresas constructoras coinciden en este diagnóstico. Desde una perspectiva operativa, el nivel de automatización está experimentando un crecimiento constante. El proceso de digitalización se inicia con la implementación de una infraestructura compuesta por sensores y un uso intensivo de datos, los cuales son utilizados para alimentar modelos de inteligencia artificial y, de este modo, posibilitar la creación de gemelos digitales tanto de la infraestructura como del tráfico. El objetivo inmediato es el mantenimiento predictivo, capaz de anticipar deterioros y optimizar las intervenciones.

Los avances alcanzados son evidentes y mensurables. En la actualidad, se están llevando a cabo pruebas con robots autónomos diseñados para la reparación de baches, como en el proyecto europeo Heron, implementado en la A-2. Además, se están desarrollando sistemas de automatización para el movimiento de tierras y la compactación asistida. Los drones se han convertido en una herramienta estándar para la monitorización de obras, y algunas compañías están realizando pruebas con camiones eléctricos autónomos y maquinaria guiada en entornos 2D y 3D.
Asimismo, se está evaluando la implementación de robots terrestres para inspección y replanteo, los cuales ya han sido utilizados en infraestructuras de renombre como los aeropuertos de Heathrow y Madrid-Barajas. No obstante, la coordinación integral de flotas completamente autónomas, como la demostrada en China, aún no puede replicarse debido a la ausencia de estándares comunes y de una regulación específica.
El planteamiento europeo, por el momento, se está implementando de manera gradual. Más que perseguir la autonomía total, el objetivo principal es mejorar resultados concretos, tales como la reducción de accidentes laborales, la optimización de los plazos de ejecución y la disminución de emisiones, sin comprometer la fiabilidad ni la seguridad de las operaciones.
En el mediano plazo, los expertos anticipan una implementación progresiva en sectores específicos y en tareas especializadas, antes de proceder a operaciones continuas a gran escala. Programas de investigación como Beeyonders, financiado por Horizonte Europa, apuntan en esa dirección y confirman que la automatización avanzada ya no es un escenario experimental.
Para que el modelo progrese, el sector solicita la implementación de un marco que genere confianza entre las administraciones, las empresas y los centros de investigación, con el propósito de iniciar proyectos piloto y, basándose en los resultados obtenidos, adaptar la normativa correspondiente. Será necesario revisar los pliegos técnicos, los sistemas de control de calidad, los protocolos de seguridad y salud, y los esquemas de responsabilidad civil ante posibles fallos de sistemas autónomos, así como regular el uso coordinado de drones y maquinaria en espacios abiertos.
La mencionada transformación también afectará a la supervisión de las obras. La inspección presencial intensiva se reemplazará progresivamente por un sistema de monitorización continua en tiempo real, trazabilidad digital de la ejecución y control automatizado de tolerancias y compactación, respaldados por gemelos digitales.
En este contexto, el desafío no se limita únicamente a la integración de tecnología puntual, sino a la implementación de la lógica digital en todas las etapas del ciclo de vida de la infraestructura. La automatización parcial es una realidad incuestionable. El progreso hacia la construcción de carreteras prácticamente autónomas dependerá, más que de nuevos avances técnicos, de cambios regulatorios, organizativos y culturales que permitan al sector operar a otra escala.
Escrito por José Miguel Fernández Gómez.





















