
Los costes de mantenimiento del vehículo eléctrico se producen más tarde que los vehículos de combustión interna
El crecimiento del coche eléctrico está empezando a abrir un escenario que, hasta hace pocos años, tenía poca relevancia: qué ocurre cuando estos vehículos acumulan ocho, diez o más años de uso. Conforme las primeras generaciones alcanzan las edades establecidas, se hace evidente la necesidad de reparaciones que difieren de las convencionales, tanto en el caso de los vehículos de gasolina como en el de los diésel.
Precisamente, uno de los cambios que está detectando el sector de la posventa es el aumento de la demanda de servicios de reparación. El Sr. Maximilian Wegner, experto de la consultora Roland Berger, explica en la revista Automobilwoche que el coche eléctrico sigue necesitando menos mantenimiento durante gran parte de su vida útil, aunque la diferencia respecto a los vehículos de combustión se ha reducido en comparación con las primeras estimaciones.

El ahorro es mayor durante los primeros años.
De acuerdo con las previsiones iniciales, se esperaban reducciones en el mantenimiento de entre un 25% y un 50%. Sin embargo, actualmente, Wegner estima que esta diferencia general se sitúa en aproximadamente un 15%-20%. La falta de aceite de motor, filtros, embrague o correas, y el menor uso de los frenos debido a la regeneración, permiten mantener bajos los gastos durante los primeros años.
De acuerdo con sus estimaciones, se prevé que el ahorro se situé entre el 20% y el 40% durante los primeros ocho a diez años. La situación es distinta a la de un coche de combustión, donde buena parte de las operaciones de mantenimiento aparecen de forma progresiva y son relativamente previsibles desde los primeros kilómetros.
El problema llega cuando aparecen averías de componentes caros.
Una vez superada esta primera etapa, el coste potencial de algunas intervenciones aumenta considerablemente. Según lo señalado por Roland Berger, las reparaciones pueden variar entre 5.000 y 25.000 euros, dependiendo de elementos como el motor eléctrico, la electrónica de potencia o el sistema de alta tensión. A esto se suma la mayor integración de componentes y un software que también envejece con el vehículo.
La batería constituye uno de los factores que mayormente condicionan la necesidad de realizar reparaciones; sin embargo, su sustitución completa no siempre resulta imperativa. El ADAC indica que muchas baterías pueden ser reparados reemplazando únicamente módulos defectuosos. No obstante, persiste una considerable incertidumbre respecto a la disponibilidad y el costo de estas intervenciones fuera de las redes especializadas.

Los talleres independientes tendrán que adaptarse.
Es importante señalar que el momento en el que se presentan estas reparaciones coincide con el final de las garantías. Actualmente, la referencia más habitual entre los fabricantes se encuentra en ocho años o 160.000 kilómetros para la batería, normalmente con una capacidad mínima garantizada próxima al 70%.
A partir de este momento, una parte de los propietarios opta por acudir a talleres independientes en busca de opciones más económicas. Wegner considera que estos establecimientos habrán de reforzar la formación en sistemas de alta tensión y sus capacidades de diagnóstico, dado que el parque eléctrico envejecido irá en aumento durante los próximos años y requerirá soluciones de reparación económicamente asumibles fuera de la garantía oficial.
Escrito por José Miguel Fernández Gómez.




















