Los camiones eléctricos y autónomos mineros de Volvo.
29 de septiembre de 2026

La nueva normativa de China para las baterías retiradas de los vehículos eléctricos

            El reciclaje de baterías se ha convertido en una de las grandes prioridades de la industria automovilística china. La gran cantidad de coches eléctricos e híbridos enchufables comercializados en los últimos años está provocando que cada vez más vehículos deban sustituir o retirar definitivamente sus baterías, una situación que ha llevado al Gobierno a establecer nuevas obligaciones para fabricantes, talleres y empresas especializadas en el tratamiento de estos componentes. 

            La magnitud del problema se refleja en las previsiones del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China (MIIT), que estima que en 2030 se generarán más de un millón de toneladas de baterías usadas procedentes de vehículos de nueva energía. Para afrontar este incremento, las autoridades han decidido reforzar los mecanismos de supervisión y establecer un sistema de identificación que permita conocer el destino de cada batería y evitar que termine en instalaciones que no cumplan los requisitos de seguridad y protección medioambiental.

Cada batería tendrá su propio documento de identidad y las empresas deberán responder por su destino.

            La nueva normativa china entró en vigor el 1 de abril de 2026 e introduce un sistema de identificación digital individual para las baterías de los vehículos electrificados. A través de una plataforma nacional, las autoridades podrán consultar información relacionada con su fabricación, instalación, mantenimiento, retirada y posterior tratamiento, de manera que cada batería tendrá un registro único que permitirá hacer un seguimiento de su recorrido durante todo su ciclo de vida. El objetivo es mejorar la trazabilidad y detectar posibles irregularidades en su gestión.

            El nuevo marco regulatorio también establece responsabilidades específicas para los fabricantes de vehículos y baterías, así como para las empresas encargadas de su recogida y reciclaje. Estas deberán registrar los movimientos de los componentes y garantizar que su entrega se realice a través de los canales correspondientes. Además, las autoridades han reforzado los controles sobre los operadores que trabajan al margen de la normativa, ya que esta actividad puede provocar problemas de contaminación, incendios y pérdidas de materiales que podrían recuperarse para fabricar nuevas baterías. 

            La necesidad de ampliar estos controles responde al crecimiento experimentado por el mercado chino, donde en 2025 se vendieron cerca de 16,5 millones de vehículos de nueva energía, un 28,2% más que el año anterior. En ese mismo año, las instalaciones especializadas gestionaron más de 400.000 toneladas de baterías usadas, lo que supone un incremento interanual del 32,9%, según los datos oficiales del MIIT. Estas cifras reflejan la presión que soportará el sistema de reciclaje a medida que aumente la retirada de los vehículos comercializados durante la última década.

China quiere recuperar los materiales de las baterías usadas para fabricar otras nuevas.

            Uno de los principales objetivos de esta estrategia es aprovechar los recursos que contienen las baterías cuando dejan de utilizarse en los automóviles. Estas pueden contener litio, níquel, cobalto, manganeso, cobre y aluminio, materiales que pueden recuperarse mediante distintos procesos industriales para volver a introducirlos en la cadena de producción. Así, el reciclaje permite reducir la dependencia de la extracción de nuevas materias primas, aunque la cantidad recuperable y el tratamiento necesario dependen de la composición y del estado de cada batería.

            Sin embargo, no todas las unidades retiradas necesitan someterse inmediatamente a un proceso de reciclaje. Algunas pueden conservar suficiente capacidad para utilizarse en sistemas estacionarios de almacenamiento energético, donde las exigencias son diferentes a las de un automóvil. Estas instalaciones permiten almacenar electricidad para su posterior uso en edificios, instalaciones industriales o sistemas de generación de energía renovable, aunque su aprovechamiento depende de que las baterías superen las correspondientes comprobaciones técnicas y de seguridad. 

            El aumento de las baterías retiradas también obligará a China a ampliar su infraestructura de tratamiento y a mejorar la eficiencia de los procesos de recuperación de materiales. El MIIT ha identificado la automatización del desmontaje y el desarrollo de nuevas tecnologías de extracción de metales como dos de las principales líneas de trabajo para los próximos años. Con más de un millón de toneladas de baterías usadas previstas para 2030, el país tendrá que adaptar su capacidad industrial para gestionar estos residuos y recuperar los materiales necesarios para seguir fabricando vehículos eléctricos.

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