
Porque los coches nuevos podrían costar más
En años recientes, el incremento en el precio de los vehículos nuevos se ha atribuido principalmente al costo de las baterías y a las dificultades en la cadena de suministro. No obstante, un nuevo factor amenaza elevarlo aún más: la crisis de las memorias RAM y el encarecimiento generalizado de la electrónica de consumo.
Es preciso esclarecer cómo un problema que aparentemente afecta únicamente a ordenadores y teléfonos móviles puede tener repercusiones en el concesionario. La clave del éxito radica en la transformación de la arquitectura interna de los vehículos modernos, especialmente en los modelos híbridos y eléctricos de última generación.

La metamorfosis tecnológica de los coches modernos.
Durante décadas, el desarrollo de la electrónica automotriz se caracterizó por la utilización de módulos de control aislados y de baja complejidad computacional. Sin embargo, la transición hacia la movilidad eléctrica ha generado un cambio radical en este sector. En la actualidad, un vehículo representa mucho más que un simple medio de transporte; se ha convertido en un centro de procesamiento de datos sobre ruedas.
El protagonismo de las grandes pantallas multimedia en el salpicadero, que centralizan desde la climatización hasta la gestión de la carga, exige procesadores y memorias potentes, similares a los de un ordenador de gama alta. De forma paralela, la implementación de los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, exigidos por las normativas de seguridad internacionales, requiere una capacidad de procesamiento en tiempo real sin precedentes.
Sensores, radares y cámaras procesan grandes cantidades de información por segundo para ofrecer funciones como la frenada autónoma de emergencia o el mantenimiento activo de carril. La infraestructura en su totalidad depende de un componente esencial: la memoria RAM.

El impacto de la crisis de semiconductores y memorias RAM.
La industria de la electrónica de consumo ha experimentado tensiones continuas debido al incremento en los precios de producción de la memoria RAM y otros componentes fundamentales. Los fabricantes de semiconductores han destinado una parte significativa de su capacidad de producción a satisfacer la creciente demanda de sectores emergentes y centros de datos. Esta estrategia ha resultado en una reducción de la disponibilidad y un aumento en los precios por unidad.
Hasta hace poco, la industria automotriz empleaba componentes de generaciones anteriores, caracterizados por su bajo costo y su prolongada vida útil. No obstante, los requisitos actuales de los vehículos eléctricos han impulsado la adopción de arquitecturas más avanzadas y recientes. Al competir por los mismos recursos que la industria de la telefonía y la informática, los fabricantes de automóviles se ven expuestos a los cambios de precio en este mercado. Este incremento en el coste de los componentes electrónicos avanzados tiene un impacto directo en el coste total de fabricación del vehículo.

De la cadena de montaje al precio final de venta.
El margen de beneficio en la producción de vehículos, especialmente en los segmentos de entrada y en los modelos electrificados que ya soportan el sobrecoste de las baterías, es sumamente ajustado. Cuando los módulos de infoentretenimiento y las unidades de control de los asistentes ADAS experimentan un aumento, los fabricantes se enfrentan a un dilema: absorber la pérdida de margen o trasladar la diferencia al precio final que paga el usuario.
Teniendo en cuenta que la inclusión de los sistemas ADAS obedece a imperativos legales y de homologación de seguridad, las marcas se ven en la obligación de incorporarlos en sus productos para garantizar la seguridad de los usuarios. Por otra parte, prescindir de las pantallas digitales resultaría inviable en un mercado donde la conectividad es un factor clave de decisión de compra.
La presión sobre la cadena de suministro de componentes electrónicos anticipa una tendencia al alza en los precios de los vehículos matriculados a corto y medio plazo. La convergencia entre el sector tecnológico y el de la automoción implica que el precio de los chips ya no solo determinará el coste de una tableta o un ordenador, sino también el valor de ese nuevo modelo de coche que se pondrá a la venta en el concesionario.
Escrito por José Miguel Fernández Gómez.




















