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Diapositiva 1. Introducción.
La clase desarrolla el problema de ciberseguridad del sistema TPMS de los neumáticos, sus consecuencias, y las implicaciones en la gestión de la flota.
Diapositiva 2. El problema de ciberseguridad del sistema TPMS.
- El sistema TPMS.
Un estudio de IMDEA Networks demuestra que el sistema TPMS-Tyre Pressure Monitoring System de los neumáticos, que es obligatorio por motivos de seguridad en algunos países, puede utilizarse para identificar vehículos a más de 50 metros sin necesidad de cámaras.
El sistema de monitorización de la presión de los neumáticos (TPMS, por sus siglas en inglés) es un dispositivo de seguridad instalado en la mayoría de los turismos modernos que controla en tiempo real la presión del aire de cada rueda. Funciona mediante sensores situados en el interior del neumático que envían información inalámbrica a la centralita del vehículo. Si detecta una pérdida de presión significativa, activa una alerta en el cuadro de instrumentos para advertir al conductor. Su objetivo es reducir el riesgo de accidentes, mejorar la estabilidad del vehículo y optimizar el consumo de combustible.
En la Unión Europea, el TPMS es obligatorio desde noviembre de 2014 para todos los turismos nuevos matriculados, tras una primera fase aplicada a nuevos modelos desde 2012. En Estados Unidos, su uso es obligatorio desde 2007 en vehículos ligeros, tras una reforma legislativa vinculada a la seguridad vial. Otros países, como Corea del Sur o Rusia, también han adoptado requisitos similares. En los principales mercados desarrollados, el TPMS se ha consolidado como un estándar legal en la industria del automóvil.

- Un sistema de hace 20 años que no tuvo en cuenta los datos.
Los sensores de presión de los neumáticos, instalados en la mayoría de los coches modernos por motivos de seguridad vial, podrían convertirse en una herramienta inesperada de vigilancia masiva. Así lo advierte una investigación liderada por el IMDEA Networks, que alerta de un riesgo de privacidad hasta ahora poco considerado en el ámbito de la ciberseguridad del automóvil.
El trabajo, desarrollado durante diez semanas en colaboración con socios europeos, demuestra que el TPMS puede utilizarse para rastrear vehículos de forma encubierta. Los investigadores lograron recopilar más de seis millones de mensajes de más de 20.000 coches mediante el uso de receptores de radio de bajo coste.
El estudio revela un detalle crítico: además de los datos de presión, estos sensores transmiten un número de identificación único (ID) asociado a cada rueda. Esa señal se emite en abierto, sin cifrado ni autenticación. En la práctica, cualquier persona equipada con un receptor de radio básico puede captar esa señal e identificar el mismo vehículo en otro momento.
A diferencia de los sistemas tradicionales de control basados en cámaras, que requieren visibilidad directa y condiciones de iluminación adecuadas, el seguimiento mediante TPMS no necesita contacto visual. Las señales de radio atraviesan paredes, otros vehículos y obstáculos físicos, por lo que pueden captarse incluso cuando el coche está en movimiento o estacionado en interiores.

Para evaluar el alcance real del riesgo, el equipo desplegó una red de receptores inalámbricos junto a carreteras y zonas de aparcamiento. Cada dispositivo costaba aproximadamente 100 dólares. Durante el período de análisis, la infraestructura recopiló más de seis millones de mensajes emitidos por sensores pertenecientes a más de 20.000 vehículos distintos.
Los investigadores también desarrollaron métodos para asociar las señales de los cuatro neumáticos de un mismo coche. Esto permitió aumentar la precisión a la hora de identificar los vehículos que llegaban, se marchaban o seguían horarios regulares.
Los ensayos demostraron que las señales podían captarse desde distancias superiores a 50 metros, incluso cuando los sensores se encontraban dentro de edificios o en ubicaciones parcialmente ocultas. Esta capacidad técnica convierte el seguimiento encubierto en una posibilidad real y económicamente accesible.
Los resultados muestran que estas señales pueden utilizarse para seguir vehículos y reconstruir sus patrones de movimiento. Según el estudio, el análisis continuado de los identificadores permite inferir rutinas diarias, como los horarios de llegada al trabajo o los hábitos de desplazamiento.
Comprobaron que, dependiendo de la marca del coche, la emisión de señales puede variar. Así, los TPMS de Toyota emiten señales de forma continuada, mientras que los de Ford o Nissan lo hacen de manera regular y los de Renault solo cuando las ruedas giran.

- El problema no se limita a la simple identificación repetida del vehículo.
Las señales del TPMS también incluyen lecturas de presión que, combinadas con otros datos, podrían permitir deducir el tipo de automóvil o detectar variaciones asociadas a cargas adicionales. En el caso de los vehículos industriales, por ejemplo, estos cambios podrían revelar si transportan mercancía pesada, lo que daría lugar a formas de vigilancia más sofisticadas.
La trazabilidad basada en TPMS presenta ventajas frente a la vigilancia mediante cámaras: es más barata, más difícil de detectar y no depende de las condiciones visuales. Tampoco es necesario leer la matrícula. Basta con interceptar el identificador fijo que emite el sensor para reconocer el mismo coche en diferentes ubicaciones.
La normativa actual de ciberseguridad aplicada al automóvil no aborda específicamente la protección de estos sensores. El equipo investigador subraya que, al carecer de cifrado y mecanismos de autenticación, el TPMS sigue siendo vulnerable a la llamada «vigilancia pasiva», es decir, a la captación silenciosa de señales sin interactuar con el vehículo.
El estudio concluye que el problema no está en la función de seguridad del sistema, que es clave para prevenir accidentes causados por neumáticos desinflados, sino en el diseño de sus comunicaciones inalámbricas. La falta de medidas básicas de protección convierte un componente pensado para salvar vidas en una posible herramienta de seguimiento masivo.
A medida que los vehículos están cada vez más conectados, incluso los sensores orientados a la seguridad, como el TPMS, deberían diseñarse teniendo en cuenta la ciberseguridad, ya que los datos que parecen pasivos e inofensivos pueden convertirse en un potente identificador cuando se recopilan a gran escala.

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- Implicaciones en la gestión de la flota.
La principal consecuencia es que pueden monitorizar nuestros vehículos obteniendo nuestras rutas, clientes, horarios, carga de los vehículos, hábitos de conducción etc.
Con esta información el riesgo más importante es el robo de la mercancía o valores que transporta nuestra flota porque permite trazar un plan con menos peligro de exposición para los infractores.
Las flotas que tienen más riesgo de sufrir un robo son las que transportan mercancía de gran valor y con gran demanda en el mercado negro como smartphones, televisiones, ordenadores, tabletas, etc. o flotas que transportan valores, dinero, obras de arte etc. además en España las flotas que transportan jamones ibéricos suelen sufrir robos por su alto valor.
Otra consecuencia es que pueden conocer nuestros clientes, rutas, horarios etc. y pueden intentar captar nuestros clientes operando en la misma área geográfica que nosotros.
Se recomienda implementar las siguientes medidas.
- Cifrado y encriptación de las comunicaciones.
Hay que cifrar y encriptar las comunicaciones del sistema TPMS, para que sea seguro, y no se pueda obtener información de nuestros vehículos.
- Contratar una compañía especializada en ciberseguridad.
Se recomienda contratar una compañía especializada en ciberseguridad del automóvil, para cifrar y encriptar las comunicaciones del sistema TPMS de nuestros vehículos.
- Adquisición del vehículo.
Hay que tener en cuenta cuando se adquiere un vehículo la ciberseguridad, y que medidas de protección tiene el sistema TPMS.
Diapositiva 3. Gracias por su tiempo.
La clase ha desarrollado el problema de ciberseguridad del sistema TPMS de los neumáticos, sus consecuencias y las implicaciones en la gestión de la flota.
Escrito por José Miguel Fernández Gómez.




















