El coche eléctrico Enfield 8000 de 1973 con 64 Km de autonomía.
16 de octubre de 2026
Hawaiian Airlines electrifica su flota de tierra en el aeropuerto de Honolulu.
17 de octubre de 2026

El níquel de la baterías de los vehículos eléctricos podría llegar de bosques arrasados en Indonesia

            Una exhaustiva investigación internacional, llevada a cabo durante dos años, ha seguido el rastro comercial del níquel utilizado en baterías, estableciendo una conexión con las explotaciones mineras de Indonesia, donde se ha producido una significativa pérdida de bosque primario.

            El automóvil eléctrico elimina las emisiones del tubo de escape y, a lo largo de su vida útil, puede reducir significativamente el impacto climático en comparación con un vehículo de combustión. Sin embargo, la fabricación de estas baterías requiere una gran cantidad de minerales críticos, lo que plantea un desafío significativo en la transición energética: la necesidad de determinar con precisión el origen de estos materiales.

            De acuerdo con la investigación publicada por The Guardian en colaboración con Voxeurop y otros medios europeos, se ha logrado reconstruir parte de la cadena de suministro en cuestión. Este proceso se ha llevado a cabo mediante el análisis de datos comerciales, la revisión de documentación empresarial y el uso de tecnología de análisis por satélite. El estudio concluye que el níquel proveniente de explotaciones situadas en la isla indonesia de Sulawesi podría ser utilizado en baterías para algunos de los principales fabricantes de automóviles a nivel mundial.

            Los investigadores no han podido establecer con certeza que un cargamento específico de mineral terminara dentro de la batería de un vehículo determinado, ya que los registros públicos no permiten rastrear con ese nivel de precisión el recorrido completo. Sin embargo, se han llevado a cabo esfuerzos significativos para reconstruir las conexiones entre diversas entidades involucradas en la cadena de valor de la industria automotriz, incluyendo minas, refinerías, fabricantes de materiales para cátodos, productores de baterías y plantas de ensamblaje en Europa y Estados Unidos.

De una mina de Indonesia a las baterías de un coche eléctrico.

            El punto de partida se encuentra en las minas de Cahaya y Hengjaya, situadas en Sulawesi, una isla que destaca por su abundancia en níquel y por sus extensas áreas de bosque tropical. El mineral extraído de ambas explotaciones es enviado a un complejo industrial de Mor véhiculo, donde una filial local de Zhejiang Huayou Cobalt transforma la limonita en precipitado de hidróxido mixto, conocido como MHP, una materia prima fundamental para producir determinados materiales de cátodo.

            A partir de este momento, se inicia un viaje de miles de kilómetros. En 2024, la planta de Morelli exportó a China un total de 606 millones de dólares en productos de MHP, mientras que en 2025 los envíos alcanzaron los 470 millones. El material procesado fue posteriormente trasladado a las instalaciones de Huayou en Quzhou y Yulin, donde se procedió a su transformación para su uso en baterías.

            Huayou ha confirmado, asimismo, que suministra materiales a CATL, actualmente uno de los mayores fabricantes mundiales de baterías. Por su parte, otra de sus filiales ha reconocido haber entregado grandes cantidades a la compañía china.   Asimismo, los investigadores identificaron otra ruta comercial que conecta a Huayou con LG a través de Polonia. Ambas compañías suministran productos relacionados con baterías a numerosos fabricantes internacionales de automóviles.

            El problema para establecer una relación absolutamente directa aparece en este último tramo. Los documentos públicos no detallan los volúmenes ni las fechas exactas de cada venta de Huayou a CATL, por lo que no permiten afirmar que el níquel de una partida concreta procedente de Cahaya o Hengjaya terminase en una determinada batería. Por eso la investigación habla de materiales que podrían estar presentes en esas cadenas de suministro y no de una trazabilidad física absoluta hasta un automóvil concreto.

La deforestación aparece en el origen de la cadena.

            El recorrido comercial, si bien intrincado, tiene un impacto más perceptible en el terreno. Los análisis por satélite utilizados en la investigación muestran una importante pérdida de bosque primario dentro de las áreas donde operan las minas, en territorios habitados por comunidades indígenas Tolaki.

            De acuerdo con el análisis espacial realizado por la compañía especializada The TreeMap, la actividad minera de níquel podría estar relacionada con aproximadamente dos tercios de la pérdida forestal registrada desde el año 2001 dentro del área correspondiente a la concesión de Cahaya. En el caso de Hengjaya, la proporción excedería la mitad de la pérdida total de bosque registrada durante el mismo período.

            La organización indonesia Auriga estima, además, que Sulawesi Cahaya Mineral, operadora de la mina de Cahaya, contribuyó a eliminar otras 330 hectáreas de bosque durante 2024. En el año en cuestión, la empresa suministró aproximadamente 11 millones de toneladas de mineral de limonita al complejo de Huayou, lo que representó prácticamente la totalidad de su producción. Durante el año 2025, los envíos experimentaron un incremento hasta alcanzar los 12,5 millones de toneladas.

            La compañía ha sido sancionada administrativamente en dos ocasiones por realizar actividades de tala ilegal en una extensión de más de 450 hectáreas de bosque, lo cual excede los límites autorizados. Sulawesi Cahaya Mineral forma parte del grupo empresarial Merdeka Battery Materials, que a su vez está integrado en un grupo empresarial más amplio, en el que figuran como accionistas Huayou y CATL.

            Las instalaciones mineras se ubican en terrenos clasificados como «bosques de producción», áreas destinadas predominantemente a actividades forestales. Sin embargo, según la investigación, los sucesivos gobiernos indonesios han ido introduciendo excepciones que permiten desarrollar actividades mineras a medida que crece la demanda mundial de níquel.

La demanda mundial de níquel seguirá creciendo.

            Es preciso señalar que el problema podría adquirir una relevancia aún mayor durante los próximos años. El níquel se utiliza ampliamente en determinadas químicas de baterías porque permite aumentar la densidad energética y, con ello, conseguir mayores autonomías sin disparar el tamaño del paquete de baterías.

            De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, se prevé que la demanda mundial de este metal podría prácticamente duplicarse, alcanzando aproximadamente 5,5 millones de toneladas para el año 2040. Se prevé que una parte significativa de la producción provendrá de Indonesia, mientras que China continuará teniendo un peso significativo en el procesamiento industrial.

            La deforestación puede, además, alterar considerablemente el balance ambiental real del mineral. Según lo citado por The Guardian, un estudio publicado en Nature Communications concluyó que, en las explotaciones con mayor pérdida de bosque, la huella de carbono asociada a la producción de níquel podría llegar a ser cientos de veces superior a las estimaciones tradicionales, que no tienen plenamente en cuenta ese cambio de uso del suelo.

            Cabe señalar que lo anteriormente expuesto no implica que los automóviles eléctricos sean per se más contaminantes que los vehículos de combustión interna en el contexto global. La investigación en cuestión pone de manifiesto que los vehículos eléctricos presentan un impacto ambiental inferior al de los automóviles que utilizan combustibles fósiles, particularmente durante su funcionamiento. El desafío reside en mitigar de manera efectiva el impacto ambiental asociado a la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de sus baterías.

            Los fabricantes consultados por The Guardian reconocen los riesgos asociados a la cadena de suministro del níquel, si bien señalan que no adquieren el mineral directamente a las minas y que exigen determinados estándares ambientales y sociales a sus proveedores.

            El informe concluye que el níquel extraído de las minas no necesariamente se destina a un vehículo específico, pero sí revela una red comercial que vincula las explotaciones con la deforestación significativa a proveedores líderes en el sector de las baterías, los cuales, a su vez, están conectados con la industria automotriz. La trazabilidad de las materias primas se perfila como un desafío significativo en el contexto de la electrificación.

Contenido Relacionado

✕
✕
Este sitio está registrado en wpml.org como sitio de desarrollo. Cambia a una clave de sitio de producción en remove this banner.