
Convertir motos antiguas de gasolina en 100% eléctricas
Adquirir una motocicleta eléctrica no es la única opción para dejar de utilizar gasolina. En India, otra posibilidad en auge es la adaptación de vehículos existentes para operar con propulsión eléctrica, mediante la eliminación de sus sistemas de combustión interna.
Green Tiger Mobility, una empresa fundada por Ashish Dokania, se ha especializado en el retrofit de ciclomotores de gasolina. Tras la implementación de instalaciones en Bengaluru y Hyderabad, la empresa ha expandido sus operaciones a Nagpur, donde el proyecto ha recibido el respaldo público del ministro indio de Transporte por Carretera, Nitin Gadkari.
La propuesta resulta de especial interés en un país con un extenso parque de vehículos de dos ruedas. En lugar de deshacerse de una motocicleta que conserva su chasis, suspensiones y otros componentes útiles, se reemplaza únicamente aquello que es necesario para su funcionamiento con electricidad.

Qué hay que cambiar para convertir una moto de gasolina en eléctrica.
El procedimiento es más exhaustivo que la mera instalación de una batería y un pequeño motor. De acuerdo con lo expresado por la compañía, el kit está compuesto por una batería, un motor eléctrico, un controlador, una rueda trasera, una pantalla, un acelerador, cableado y los soportes necesarios. La modificación de la motocicleta implica la adaptación de ciertos componentes, tales como el basculante y la suspensión.
El resultado es un vehículo que preserva gran parte de su estructura original, pero se deshace del motor térmico, el depósito y otros componentes asociados a la gasolina.
Esta reutilización puede conllevar dos ventajas. Por un lado, evita la adquisición de un vehículo completamente nuevo. Por otro lado, el aprovechamiento de materiales y componentes con un extenso margen de vida útil por delante. El desafío radica en lograr que la transformación sea suficientemente económica para compensar los costos iniciales.

La batería se lleva aproximadamente la mitad del coste.
En ese punto, se presenta el principal obstáculo. Dokania afirma que los componentes relacionados con la batería representan aproximadamente el 50% del coste total de la conversión. Las baterías de plomo, si bien son más económicas, poseen una vida útil más limitada en comparación con las baterías de iones de litio, las cuales, según estimaciones de la compañía, pueden alcanzar hasta unos 50.000 kilómetros.
Además, tienen la opción de diseñarse como baterías extraíbles, lo que permite al propietario llevarlas a casa para cargarlas. Esta solución resulta particularmente beneficiosa para aquellos que residen en edificios que no disponen de puntos de carga en el área de estacionamiento.
Gadkari ha pedido precisamente que estas conversiones mantengan precios accesibles para que no queden limitadas a usuarios con mayor poder adquisitivo.

Y cuando la batería ya no sirva para la moto, todavía puede tener otra vida.
El proyecto presenta además una segunda idea interesante. Una vez que una batería de segunda mano haya experimentado una pérdida significativa en su capacidad, lo que la hace inadecuada para su uso en vehículos, el Sr. Gadkari propone la reutilización de la misma como sistema de almacenamiento estacionario en viviendas. Aunque ya no ofrece la autonomía necesaria en una motocicleta, puede seguir almacenando electricidad procedente de la red eléctrica o de paneles solares.
Se trata de una forma innovadora y diferente de entender la electrificación. Este enfoque no se limita únicamente a la sustitución de millones de motocicletas de gasolina por nuevas motocicletas eléctricas, sino que también implica la utilización eficiente de los vehículos existentes, la actualización de sus sistemas de propulsión y la reutilización de sus baterías una vez agotadas.
En mercados europeos como España, el gran desafío adicional sería la homologación de una modificación de esta magnitud. Sin embargo, desde una perspectiva técnica, India está demostrando que la electrificación de las motocicletas no tiene que limitarse a los concesionarios.
Escrito por José Miguel Fernández Gómez.





















